Archivos para 18/09/09

La Mudanza VII: la llave

No pude esperar a averiguar quién vive arriba y hace tanto ruido porque leí un post en otro blog y me acordé de algo que me pasó la semana pasada. Así que retomaré las historias vigentes en La Mudanza VIII.

Terminé de trabajar el lunes muy cansada y tenía que ir a la Universidad. Llegué y parecía un zombie. Cuando me di cuenta que estaba cabeceando, no prestaba atención y me dolía la cabeza, agarré mis cosas y me fui tras sólo media hora de clase. “Vine al pedo”, pensé.

Cuando estaba tomando el colectivo recordé que había dejado mi mail abierto en la PC de la Universidad (porque en esa materia tenemos que mandar los TP por mail). Me desesperé un poco, pero no iba a volver porque me sentía muy mal. “Llego, entro desde mi casa y listo: se desloguea en la facu”, pensé.

Llegué y subí rápido. Tenía hambre, sueño, dolor de cabeza, me sentía afiebrada, y mi mail estaba abierto en la facu. Llego a la puerta del depto, pongo la llave en el cerrojo y no abre. “Esto es imposible”, pensé.

Me mudé hace un mes y nunca me pasó algo así. Hice fuerza, pero no tengo fuerza. ‘Más vale maña’… pero no sabía bien que hacer.

Recordé que a la vuelta hay una cerrajería. Bajé, fui hasta allá y me recibió un cartel escrito a mano: ‘Estamos haciendo un trabajo a domicilio. Por favor comunicarse al teléfono ###’. Pensé que si los llamaba no iban a venir más, y mi problema no parecía tan grave.

No quería subir a lo de mi amiga que vive en el edificio. Quería entrar a mi casa.

Subí a buscar al encargado. En dos minutos abrió la puerta. “Leila, fijate que esto está muy gastado… hay que cambiarlo”.

Cuando entré, me lavé las manos, llamé a la gente que había dejado preocupada, prendí la notebook y pude ingresar a mi mail. “No me hackearon”, pensé.

Creo que ya sé en que va a terminar esto… Me espera el señor de la ‘fábrica de burbujas’


Lee toda La Mudanza:

La Mudanza I
La Mudanza II
La Mudanza III
– La Mudanza IV

– La Mudanza V
– La Mudanza VI

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Yo tenía 3 paragüas…

Hasta esta mañana yo tenía 3 paragüas: uno me lo compré una mañana lluviosa hace algunos años, otro me lo regaló mi mamá, y el tercero lo encontré en la mudanza. En Buenos Aires no llueve mucho, así que no salían mucho de casa.

Mi preferido era el que me regaló mi mamá: marroncito con cuadraditos. Ayer lo saqué de casa porque decían que iba a llover.

Cerré la puerta del depto, llamé al ascensor, bajé, caminé a la puerta, la abrí, salí y no abrí el paraguas.

A la tarde salí del trabajo con el paragüas abierto y para mi sorpresa estaba bastante destruido. El viento lo doblaba para todos lados y tenía 2 alambres completamente salidos. En el camino al tren por poco le lastimo el ojo a un tipo, que me miro con cara de “tirá eso”.

Lo peor es que ayer mi día era largo. Fui a la Universidad y volví a mi casa tarde, mojándome con la lluvia. Antes de entrar, tiré el paragüas en un canasto de la calle con un poco de bronca.

Uno menos, quedan 2.

Esta mañana cuando me desperté, llovía. Salí con el paragüas que me compré hace algunos años. Cerré la puerta del depto, llamé al ascensor, bajé, caminé a la puerta, la abrí, salí y abrí el paraguas: un alambre salido y una terrible inestabilidad que hizo que el viento lo de vuelta.

Una señora que se asomaba por la esquina vio toda la escena y me dio un poco de vergüenza porque sin pensarlo tiré con bronca el paragüas al cesto de la entrada. Acto seguido volví a abrir la puerta del edificio, caminé hasta el ascensor, abrí la puerta de mi depto y fui en busca de el tercer paragüas.

Dos menos, queda 1.

Agarré el tercer paragüas pensando “vos no me vas a fallar”. Cerré la puerta del depto, llamé al ascensor, bajé, caminé a la puerta, la abrí, salí y abrí el paraguas: antes de abrirlo ya sabía que no iba a resistir pero igualmente lo intenté. Ni siquiera se abrió, estaba todo desarmado.

Lo tiré en un cesto diferente, me puse la capucha y emprendí camino al trabajo.

Cuando pase el basurero le llamará la atención ver 3 paragüas rotos en 3 cestos diferentes en la misma cuadra…

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