Miradas en el bondi

El lunes pasado mi viaje en colectivo de la oficina a la psicóloga fue más que interesante.

Estaba viajando parada y de repente se liberó un asiento al lado de una chica que estaba hablando con su amiga, sentada detrás de ella. Mientras chequeaba mi celular, empecé a prestar atención a la situación, que era más o menos así…

Resulta que la chica de al lado mío había estado intercambiando miradas con un chico que estaba sentado en la otra punta del colectivo, en uno de esos asientos al revés. Luego de algunos ‘ojitos’, decidieron ‘encontrarse’ por Bluetooth (sí, ¡Bluetooth!).

Pero eso no fue suficiente y la historia avanzó. Esto es lo que yo vi con mis propios ojos.

Ella sacó una lapicera y un papel y le empezó a hacer señas a él. Era difícil la comunicación visual a esta altura, porque en el colectivo había bastante gente. Mientras tanto, hablaba con su amiga, hasta que ésta llamó a un amigo en común para contarle, muy bajito, la situación que estaban viviendo.

Él vió el gesto con la lapicera y el papel y escribió su numero de teléfono en su celular,, que tenía una pantalla bastante grande. Alzó el teléfono en el aire y lo acercó lo más que pudo. La verdad es que se veía muy poco desde donde estábamos, pero después del tercer intento de anotar y llamar a números equivocados, ella logró anotar el número correcto.

Yo me preguntaba por qué él no resignaba viajar sentado para poder conversar con su nueva conquista. Pero bueno, supongo que es parte de la magia de la situación.

Entre risas, la amiga le contaba que ‘Cucho’ (o algo así), el amigo en común, se había reído mucho cuando le contó la situación. Mientras tanto, ella chateaba vía SMS con el misterioso muchacho del colectivo. La amiga juraba que él le había tirado besos voladores. No puedo dar fe de esto, ni tampoco la protagonista de la historia.

Después de chatear un rato, él le dijo donde bajaba y, ante la pregunta, ella le dijo que justo bajaba en la misma parada. En realdiad, ella se tenía que bajar 2 paradas después para ir al gimnasio, pero eso sólo lo sabían su amiga y ella (y yo, claro).
Me puse contenta porque yo tenía que bajar después, y entonces iba a presenciar toda la situación.

El chat seguía con histeriqueos del tipo ‘vos me hiciste señas primero’ y ‘tomas siempre esta línea?’, mientras crecían las especulaciones de la amiga sobre qué iba a hacer con el chico y si esto sería una gran historia de amor en puerta.

Unas cuadras antes de la parada, él se paró y se acercó a la puerta, que estaba justo delante nuestro. Después de algunas risitas, ella decidió pararse y se despidió de su amiga diciéndole ‘cómo te divertis conmigo, eh’. La verdad es que tanto su amiga como yo nos estábamos divirtiendo mucho.

Ella se acercó a él y se saludaron. Treintañeros ambos. Hablaron un poco. Bajaron juntos del colectivo y los vi caminando y conversando, hasta que doblamos y no los vi más.
Para mi fue como una historia de película, o del estilo Sex and The City, pero sin tanto glamour. Es el tipo de historias que hacen que uno pueda volver a creer en la magia…

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